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It is worth saying, if anything is worth saying, or mentioning, my visit to the Huancayo Asylum (here in Peru); that is to say, it was worth my trip. There I met the warm and charming Director Nelly Ninamango who showed me around. Most of the residents (or clients) were out on a walk, the adults, and teenagers Paquetes de viajes a Jordania, etcetera. In a section in back of the asylum, one can overlook a beautiful meadow, and landscape panorama view; here you are on a long dock type area (perhaps better put, patio that shifts into the living and sleeping quarters of a dozen or so residents. There in two rows are their wooden beds neatly made, with warm looking blankets and bedspreads over them, and a picture of themselves above their heads. You get to this area by going through a corridor to a main area, either the dinning or theater type area, with nicely waxed wooden floors you can almost look into and shave they shine so well; when you are upon this section of the residential long term care center you are close to this patio area.

The center or asylum is a maze of sorts, but everything seems clean and with a touch of quietness, stillness, and tranquility. (Nothing is perfect, and I do not know, nor did I look for the imperfect, it is so easy to point fingers especially when you are simply a visitor for a half hour or so, but surely no one had time to fix this or that prior to my arrival, they never knew I was coming, nor did I until the last minute, when I had to cancel a trip to the prisons because of some trouble)

In any case, that was not what I was there for, that is, to spy on them, but to hand out books, free books on the customs and culture of their beautiful Valley. But had I seen something out of what I would call the ordinary, I would have said so, but again, the main thing I noticed was everyone seemed to care for these care needing folks. I call them: helpers and that is what they were doing, with what they had at the time.

The older folks, or so it seemed, along with the more chronic and clinically care needed folks, gathered in this patio sort of section, which is easy to access (which I have previously mentioned), for all they need to do is have a nurse unlock their back door, which leads to the patio, and there they are, with their beautiful vista of the meadows. Here they baste in the sun, in the afternoons, resting, knitting, and so forth. Most seem to have a hard time reading, but appreciated the booklet I gave to them on the customs and traditions of the Mantaro Valley, their old home. They had the nurses, and even Nelly started to read to one of the residents out of the book, and it brought tearful memories to her face on the poem, “The Huancayo Sunday Fair.”

Vale la pena decirlo, si hay algo bueno de decirlo o mencionarlo, y esta fue mi visita al Asilo de Huancayo (Perú); es decir, mi viaje valió la pena. Allí conocí a la cálida y encantadora Presidenta señora Nelly Ninamango, quien me enseño los alrededores. La mayoría de los residentes (o clientes) habían ido afuera por un paseo, a caminar. En una parte de atrás del asilo, se podía ver un prado muy hermoso, y un paisaje con una vista panorámica; aquí en esta parte del asilo tú estás en un área similar a un muelle largo, talvez mejor dicho, un patio que conduce a la sala y a los dormitorios de más o menos una docena de residentes. Allí en dos líneas estaban las camas de madera muy ordenadas, con frazadas que parecían muy abrigadoras y con colchas encimas de ellas, y una foto de cada uno de los residentes sobre las cabeceras. Tú llegas a esta área yendo a través de un corredor a un área principal, talvez es el comedor o un área de teatro, con bonitos pisos de madera muy encerados que casi puedes verte o afeitarte en este porque lucen muy brillantes; cuando estás en esta sección del asilo tú estás cerca del patio.

El centro o asilo es una clase de laberinto, pero todo parece limpio y con un toque de tranquilidad, calma, y sosiego. (Nada es perfecto, y lo sé, tampoco busqué por lo imperfecto, es tan fácil criticar especialmente cuando eres simplemente un visitante por media hora o algo así, pero seguramente nadie tuvo tiempo para arreglar esto o aquello antes de mi llegada, porque ellos nunca supieron que yo iba a visitarlos, ni yo lo tenía planeado hasta el último minuto, cuando tuve que cancelar una visita a las prisiones debido a algunos problemas imprevistos)

En cualquier caso, no era eso por lo que yo estaba allí, es decir espiarles, sino para repartir algunos libritos, libros gratis sobre las costumbres y la cultura de su Valle hermoso. Pero si yo hubiera visto algo de lo que yo llamaría fuera de lo ordinario, yo lo habría dicho, pero de nuevo, la cosa principal que noté era que cada uno parecía preocuparse para atender a esta gente necesitada de ayuda. Yo los llamo: ayudantes y esto era lo que ellos hacían, con lo que tenían entonces.

La gente muy mayor, o eso era lo que parecía, junto con los que requerían de más cuidado, estaban reunidos en esta sección del asilo, que parecía un patio, al que era fácil de entrar (el que anteriormente lo he mencionado), porque todo lo que ellos necesitaban era hacer que una enfermera abriera las puertas de atrás, que conducían al patio, y allí ellos estarían, con una vista hermosa de los prados. Aquí ellos por las tardes bordaban bajo el sol, descansando, tejiendo, y así sucesivamente. La mayoría parecía tener problemas de lectura, pero agradecieron por el librito que les di sobre las costumbres y las tradiciones del Valle del Mantaro, su viejo hogar. Ellos tenían a las enfermeras a quienes les pedían leerles el librito, e incluso Nelly comenzó a leer del librito “La Magnifica Feria Dominical” a uno de los residentes que se lo pidió, lo que trajo memorias llorosas por el poema.

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